2.10.09

La cruz de barro.


I
Con o sin tí.


-Un dolor de cabeza(se torna normal)es un pensamiento envenenado. O al menos así lo creo yo, no se si la coca ya te llegó al cerebro, pero a mi si. Mencionó la mujer.
Eso fue algo que nunca podré olvidar, no por enterarme que usaba (usé) drogas, que va. No recuerdo nada de esa mujer de una delgada complexión e increíbles caireles dorados que se encontraba amamantando a un niño de lo que parecía unos 3 meses (que carajos hice en 3 meses??) con un vestido blanco de esos con los que las damas de sociedad usan en la playa y reuniones by the sea, solo que "Kirst" no pronunciaba muy bien el español, que al fin y al cabo no importaba. La belleza que enmarcaba la escena era ella. Sus ojos parecían acariciar mi rostro cada vez que me miraba, demasiado azules para mi gusto, pero al fin y al cabo, no recuerdo como la conocí (ni ella a mi) y menos en que estado. Nunca probé la coca, siempre me dio miedo respirar otra cosa que no fuera oxígeno (y otros 14 elementos presentes en el aire) y el humo de un cigarro añejo, tostado preferentemente.
Así me llegó un dolor que parecía taladrar mi pierna.Un golden retriever de unos 2 años estaba desenfrenado por que tomara una pelota de tenis que parecía decir "WIlson" y que jugara con el, ya saben cosas de perros.
-No muerde. Solo no dejes que te llame por tu nombre o sabrás que esto no existe y que sin darte cuenta tengo un cuchillo en mi vientre.

Abro mis ojos y despierto. En la cortina hay una libélula y nunca me había sentido mejor.

1 comentario:

luis reséndiz dijo...

Buena y delirante prosa mi lic